Un verano en Cuba

Una experiencia diferente (¿para vacaciones?)

Hola a todos. Mi nombre es Mateo González, soy salesiano. Desde los últimos años soy profesor y coordinador de pastorales en el Colegio Salesiano Santo Ángel de Avilés (Asturias). En este tiempo también he colaborado con la ONG salesiana Jóvenes y Desarrollo y con la animación misionera, si bien nunca había hecho una experiencia de voluntariado en algún país del Sur… hasta este verano en el que he tenido la posibilidad de compartir dos meses con los salesianos en Cuba.

Hace poco más de noventa años los salesianos llegaban a la isla más próspera del Caribe y a uno de los países más fuertes de Latinoamérica: Cuba. La inversión extranjera y de tantos filántropos de la propia nación hizo que proliferasen por todo el país destacadas instituciones educativas; en poco tiempo los salesianos fueron un referente para todos en la formación profesional. Hoy apenas quedan algunas ruinas de aquellos ambiciosos proyectos y la presencia salesiana —como la de toda la Iglesia cubana— ha tenido que circunscribirse a los muros de los templos recuperados en estos más de cincuenta años de revolución. En este contexto los salesianos han conservado algunas de las presencias históricas transformándose a las exigencias del devenir político de la isla.

 

La próspera isla carece hoy, muchas veces, de elementos tan esenciales como el agua potable, el jabón para lavarse o detergente para limpiar la ropa… pero, sobre todo, necesita espacios de expresión y socialización alternativos a los que propone el régimen cubano. En este sentido he podido entrar en algunos de estos nuevos espacios que, siguiendo las claves pedagógicas de la tradición salesiana, la familia salesiana cubana trata de alentar.

Así todas las presencias de la isla (Camagüey, Santiago de Cuba, Santa Clara y las dos parroquias de La Habana) proponen una oferta alternativa de tiempo libre durante las vacaciones escolares, los llamados “Veranos educativos”. Son una forma de formar desde el tiempo a libre a los destinatarios de otras ofertas clásicas que se hacen desde las parroquias y constituyen los primeros pasos para los futuros animadores.

He podido entrar dentro de la vida de los distintos grupos de matrimonios que tratan de hacer un camino responsable como pareja y como educadores de los hijos. Estos grupos tienen un ritmo de reunión mensual y durante todo el año tratan de ahorrar para dedicar algo de tiempo de convivencia y de reflexión de la importante tarea que tienen en sus manos. Con ellos he podido reflexionar sobre los distintos espacios de trabajo y de fiesta que tiene que haber de forma equilibrada dentro de una familia.

Particularmente significativas son las convivencias de adolescentes y jóvenes organizadas conjuntamente para todas las casas salesianas cubanas. Así pude acompañar a los más de sesenta chicos y chicas de lo que aquí serían grupos de adolescentes en unas convivencias de una semana con reflexiones, tiempo de convivencia, visitas, playa…

También he estado con un grupo de casi cuarenta jóvenes que hacen, a lo largo de una semana, una experiencia de servicio en un hospital que se dedica a acoger a gente con alguna discapacidad o enfermedad terminal. Con los enfermos hemos compartido todas las tareas que se desarrollan a lo largo de la mañana en un hospital (aseo, desayunos y comidas, limpieza, curas…) y entre nosotros hemos compartidos las experiencias que cada uno ha vivido al entrar en contacto con esta realidad de fragilidad de la vida humana.

Allí he podido comprobar como la misión salesiana toma forma según la realidad social que se vive y he encontrado muchos jóvenes que a pesar de las dificultades de la vida no dejan de sumarse al sueño de Don Bosco.

Mateo González Alonso

 

Comentarios

  1. Muchas gracias Mateo por compartir con nosotros y esperamos se repita, que Dios y la Virgen le bendiga. Para que se mantenga al tanto de nuestro quehacer en Cuba, puede visitar el sitio web de nuestra Delegacion http://www.salesianosdecuba.org.
    Mucha suerte y que Viva Don Bosco

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